Tiene una fascinación con el hilo de la vida, con escudriñar en el entorno y en todo lo que no estamos dispuestos a ver; como el vecino, las mil y un formas de vida que convergen con cada elemento. Le interesan profundamente los relatos que parten de la raíz, del olvido y de la memoria, como estos relatos se encuentran y desencuentran en los constantes contrastes de la ciudad y la vida rural.

Su trabajo es visibilizar lo que en la cotidianidad no encontramos, si no revelamos los adentros, sus formas e interpretaciones. Es un trabajo de escucha para poder intervenir en el contexto más cercano, y hallar una voz del territorio desde los seres que lo habitan, tangibles o intangibles.

Cada proyecto tiene varios hilos, en su mayoría que conectan con los ancestros y la raíz.

Se desenvuelve en el proceso de ver, escuchar, tejer lazos y crear, con la variedad de materiales que tenga a disposición, desde lo digital a lo análogo.

 

Obra 1

ETNIA ENRAIZADA AÚN EN EL ASFALTO

La tierra mantiene al ser enraizado cuando logra escuchar y converger con el otro, con todo lo que nos rodea, y más allá de la carne.  Con el sin fin de recorridos que mantienen los pies descalzos al caminar y la voz sobre la montaña gritando la lucha de una nueva visión, de una nueva manera de vivir. Viendo, escuchando y siendo en medio de todo lo que nos rodea.  

UNA NUEVA SEMILLA SOMOS AL VER MÁS ALLÁ DE UN REFLEJO.

“Semilla es cultura, porque nos invita a convivirla, a conocerla, a entenderla, a conservarla a enamorarla, a mantenerla para que ella nos mantenga. Sin ella no hay vida, no hay multiplicación, no hay alimento, no hay cultura, no son posibles ni los individuos, ni las familias, ni los pueblos.

Semilla es solidaridad, porque la podemos compartir con el vecino, con el prójimo, con el excluido, con el desplazado, con el hambriento, con otro productor de vida de cualquier lugar del mundo, facilitando la construcción colectiva de una sociedad cada vez más solidaria”. – Oración a la Semilla de Mario Mejía Gutiérrez.